Logo y eslogan de autor

Logo y eslogan de autor. Contratinta

¿Cuánto tiempo llevas dándole vueltas a tu marca de autora, a tu logo y eslogan de autor mientras el capítulo ocho sigue en blanco?

Tranquilo/a.

Le ha pasado a todo el mundo que se ha puesto serio con esto de publicar. Es mucho más fácil elegir una tipografía bonita que enfrentarte a una escena que no te sale.

No ha jodido… El logo no te juzga. El manuscrito, sí.

Así que aquí va la primera verdad incómoda del día, y esta vez viene con números de verdad detrás:

las empresas que mantienen su identidad coherente en todos los puntos de contacto ingresan de media un 33% más que las que no lo hacen¹. Ojo, esto es un dato del mundo de la empresa, no del mundo editorial —nadie ha medido cuánto vende un logo de autor bien hecho, y quien te diga lo contrario te está vendiendo humo—.

Pero la lógica de fondo te afecta igual: tu nombre en la cubierta de un libro cumple exactamente la misma función que un logotipo. Tiene que generar la misma sensación cada vez que alguien lo ve. Ahí sí hay negocio.

Dicho lo cual, segunda verdad, y esta le va a sentar mal a los puristas del «solo importa el texto»: tu logo no va a vender tu novela. A tus lectores les da igual si tu isotipo tiene proporción áurea. Lo que de verdad les importa es si tu libro les va a quitar el sueño. Eso es lo primero, siempre.

La marca viene después, y por motivos muy distintos a los que crees.

Logo de autor

Por qué te obsesionas con el logo antes de tener nada que enseñar

patty page logo y web

Esto se repite con regularidad: el escritor que todavía no ha terminado su primera novela ya tiene tres bocetos de logotipo, una paleta de color y un dominio comprado. Es procrastinación con muy buena percha. Se puede enseñar en redes, genera comentarios, uno, o una, se siente productivo. Escribir el capítulo ocho no da esas recompensas rápidas.

El problema no es querer cuidar tu imagen. El problema es el orden. Un logo no crea una identidad de autor, la refleja. Si todavía no sabes qué tipo de historias escribes ni qué sensación quieres dejar en el lector, cualquier logo que encargues va a ser un dibujo bonito sin nada detrás. Y eso se nota, aunque nadie sepa explicarte por qué desconfía un poco de una web de autora impecable con cero libros publicados detrás.

Así que antes de mandarle un brief a nadie, pregúntate ¿qué tres palabras describen tu voz como autor? ¿Qué espera encontrar alguien que ya ha leído algo tuyo y va a leer lo siguiente? Si no tienes respuesta, el logo puede esperar. En serio.

Qué tiene que hacer un logo de autor

Logo asesor literario

Olvídate de «que impacte» y de «que se recuerde para siempre». Un logo de autor solo tiene que cumplir tres funciones, y ninguna es artística.

Tiene que reconocerse en pequeño: va a vivir en el lomo de un libro, en un avatar de dos centímetros y en la firma de un correo. Si necesita una pantalla grande para apreciarse, no sirve². Tiene que aguantar veinte años sin dar vergüenza ajena, nada de la tendencia de Pinterest del momento. Y tiene que ser coherente con el género que escribes de verdad, no con el que te gustaría escribir algún día: un cuervo funciona en terror y hace muy poca gracia en literatura infantil².

Fíjate en cualquier librería: Agatha Christie o Ken Follett no llevan un logotipo complicado. Llevan su nombre, siempre en la misma tipografía y el mismo color, edición tras edición. Ese es todo el secreto: no genialidad gráfica, repetición.

Si tu logo cumple esas tres cosas, ya has hecho el 90% del trabajo. El resto es gusto personal, y ahí que cada uno se pelee con su diseñador como le apetezca.

El eslogan que podría firmar cualquiera (probablemente el tuyo)

Prueba rápida y bastante cruel. Coge tu eslogan de autor, el que tienes en la web o el que estás pensando poner. Pregúntate: ¿podría cualquier otro autor de tu género copiar esta frase, pegarla en su propia web mañana y quedarle exactamente igual de bien?

Si la respuesta es sí, no tienes un eslogan. Tienes decoración. Ornato. Cortinas.

«Historias que emocionan.» «Palabras que llegan al corazón.» Podría afirmar eso cualquiera de los cuatro millones de autores que hay ahora mismo en Amazon. Un eslogan que funciona hace una de estas dos cosas, con precisión y sin grandilocuencia⁴: te posiciona dentro de tu género de forma concreta («novela histórica con mujeres que no piden permiso»), o promete una experiencia de lectura reconocible («el thriller que no vas a leer antes de dormir»). Ninguno de los dos ejemplos es bonito en el sentido tradicional. Son útiles. Eso es lo que tiene que ser un eslogan: útil antes que elegante.

El error tonto de aficionados

Aquí está el 90% del problema real, y es tan tonto que cada vez que lo veo me jode un poco.

Usar un logo distinto —o directamente ninguno— según la red social, subir la foto de perfil recortada de cualquier manera, firmar los correos con una tipografía que no coincide con la de la web. El 81% de las marcas reconocen que les cuesta mantenerse coherentes con su propia identidad aunque saben que es importante¹. Si a eso le sumas que nadie te está pagando por hacerlo bien, imagina el percal.

No hace falta una agencia para arreglar esto. Hace falta orden: mismo archivo de logo, mismos colores, misma tipografía, en todas partes. Grábatelo: Instagram, web, firma de correo, portada, papelería si algún día la tienes. Todo igual. Es gratis, y es la señal de profesionalidad más barata que existe.

(Por cierto: cuando termine de montar la sección de recursos con las plantillas de identidad que uso yo, la cuelgo aquí y avisamos.)

Las excusas más repetidas, desmontadas una por una

«Necesito una identidad de marca profesional antes de lanzarme.» No, necesitas terminar el libro. La marca se construye en paralelo o después, no antes.

«Mi logo lo hice yo con Canva en una tarde, ya vale.» Puede valer perfectamente, si es simple, se lee en pequeño y lo usas siempre igual. El problema nunca es la herramienta. Es la falta de consistencia después.

«Esto es superficial, lo importante es el texto.» Tienes razón a medias: el texto es lo que te hace quedarte. Pero una identidad incoherente es una señal de alarma que aleja al lector antes de que llegue a comprobar si escribes bien o mal. No compite con tu escritura, la protege.

«No tengo presupuesto para un diseñador.» No lo necesitas todavía. Encargar una identidad de marca completa antes de tu primera novela es como reformar la cocina de una casa que aún no has comprado. Guarda ese presupuesto para cuando tengas catálogo y datos reales de qué funciona.

Y ahora, ¿qué?

No abras ahora mismo quince pestañas de diseñadores. Haz esto en su lugar: escribe en un papel las tres palabras que definen tu voz como autor y el género exacto en el que te mueves. Coge tu eslogan actual —si tienes uno— y hazle la prueba del competidor sin piedad. Y revisa, uno por uno, todos los sitios donde apareces como autor: web, redes, firma de correo, papelería. Si no coinciden, empieza por ahí. Es el cambio más barato y el que más se nota.

Si quieres que sigamos con esto —cómo definir tu voz de autor antes de tocar un solo color, o cómo construir una identidad completa sin gastarte el anticipo— tengo una dirección de autores donde trabajamos todo esto-.

PD: Lo de «definitiva» no es coña. Es un informe definitivo.

Fuentes: ¹ Lucidpress / Demand Metric, «The State of Brand Consistency», 2019. ² Kindlepreneur, «Author Logo 101». ³ The Book Designer, «5 Steps to Create the Tagline for Your Author Brand».

ANTES DE SEGUIR CORRIGIENDO

Tu lector no conoce la novela que querías escribir.

Solo puede leer la que has escrito.

Antes de enviar tu obra a una editorial, autopublicarla o volver a reescribirla por quinta vez, dedica unos minutos a comprobar qué señales puede estar dejando tu manuscrito.

EL LECTOR LO VA A NOTAR es un autodiagnóstico gratuito para ayudarte a descubrirlas.

Portada del autodiagnóstico gratuito El lector lo va a notar

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