SIEMPRE QUISE SER UN ESCRITOR MALVADO.

Y aún lo sigo siendo.

Pero hoy soy asesor literario para escritores y escritoras que quieren escribir bien, publicar, y vender sus libros sin perder el alma en el intento.

ES MI IKIGAI

Y las pasé canutas. Como tú.

La vida es eso que ocurre mientras tú haces otros planes. Por eso sé exactamente lo que te quita el sueño.

Cuando empecé a escribir en serio, nadie me ayudó.

Aprendí copiando lo que veía hacer a otros,  transformándolo, buscando, adaptando. Y mientras tanto trabajaba de vendedor. Sufriendo. Creciendo.

Hay un tío por ahí que dice que vivir es vender. No le falta razón.

Mi pareja empezaba con su enfermedad por entonces. Éramos jóvenes, un poco hippys, y pensábamos que era un mal viaje.

No lo fue.

Pero eso lo cuento en persona, delante de unas cervezas.

Lo que sí cuento aquí es la promesa que me hice en aquellos meses: si algún día lograba triunfar, el mundo iba a enterarse.

Y aquí estamos. Enterando al mundo.

Aprendí de los mejores. A la antigua.

A la antigua es empezar como aprendiz. Y una de las cosas que aprendí es que a la vida hay que echarle cojones u ovarios. Redaños. Agallas. Llámalo como quieras.

Trabajando de agente comercial averiguaba donde vivían y me plantaba en casa de muchos escritores con una sola frase:

«Hola, admiro lo que escribe. Quiero ser escritor, tengo cosas que contar, y creo que sé cómo hacerlo, pero me falta algo. ¿Puedo robarle un poco de tiempo e invitarle a un café?»

Con vergüenza ni se come ni se almuerza.

Así conocí a Luis Sepúlveda, Enrique de Hériz, Manuel Vázquez Montalbán, Tom Sharpe, Pablo Antoñana, Terenci, Ostiz, Ledesma, y a muchos más. Ya muertos todos. Me recibieron. Me dieron consejos. Prometieron leerme. Alguno lo hizo y todo.

Años después, en Nueva York, aprendí con Auster y Mass, y otros más en seminarios exclusivos sobre el arte de escribir.

Me traje cientos de apuntes y grabaciones que hoy uso contigo en mis libros, mis mastercalzas y los materiales que comparto con mis pupilos.

Hace más de 40 años empecé escribiendo el horóscopo de una revista.

Sin saber ni puta de Astrología.

Me pagaban. Me divertía. Y los viejos del lugar mandaban cartas al director quejándose de mis sarcasmos. Lo he contado  en «Destaca de los mediocres», uno de los materiales de los que disponen mis pupilos.

Y mientras tanto trabajaba.


Una vez casi me detienen por vender sofás.


Diseñé un folleto para una tienda de muebles para ser buzoneado. Portada en negro (La ausencia de color que más me gusta), calavera realista recién desenterrada, color hueso envejecido. Rótulo ensangrentado: PRECIOS DE MUERTE.

El cliente dijo que estaba loco. Pero adelante.

Y bueno, salí en los dos periódicos.

Una señora escribió al diario diciendo que a su marido casi le da un infarto delante del buzón. Pero había comprado un televisor Grunding a buen precio.

El tipo de los muebles, Rodrigo, lo vendió casi todo en pleno agosto. Temporada baja. Nos hicimos amigos.

Eso es escribir con intención.

Así empecé a ser un escritor malvado.

Luego diseñé anuncios que vendían. Redacté cartas de venta, catálogos, folletos, emails, webs. Escribí guiones de cómics para Alemania, «la Abeja Maya», «El oso de la casa azul», para españa en «El Víbora». Gané concursos de relatos. Creé newsletters para escritores cuando Internet era una promesa rara. Edité libros para editoriales de ficción y no ficción. Corregí novelas para particulares. Trabajé como negro literario para escritores famosos.  

Y siempre, siempre, escribiendo.

Novelas de fantasía, históricas, policíacas, de terror, románticas.

Siempre con seudónimos. La fama corrompe y no me gusta.

Hoy tengo 63 años y sigo escribiendo.

 

Y aunque nunca lo dijo Larra… Aquello de «Escribir en españa es llorar», todos sabemos que escribir una novela en el siglo XXI es un deporte de riesgo:

👉 ¿Escribo bien? ¿Está esto bien escrito? 

👉 ¿Este personaje es plano o profundo? 

👉 ¿La trama tiene suficientes giros o se descubre todo enseguida? 

👉 ¿Esta historia emociona o es todo aburrido? 

👉 ¿Ganaré dinero con esto o estoy perdiendo el tiempo?

 

La lista es tan larga que no cabe aquí entera.

Yo he estado ahí. Y conozco el camino de salida.

Trabajo con pocos escritores y escritoras. El día tiene 24 horas y cinco las dedico a esto.

La relación mentor-discípulo es la forma de aprendizaje más eficiente que existe. Los mentores correctos saben dónde enfocar tu atención y cómo desafiarte. Elegir al mentor adecuado es como elegir pareja: la elección equivocada es fatal.

Pero a través de esta relación, mi conocimiento y experiencia se convierten en los tuyos.

 

¿Por dónde empezamos?

Si quieres saber si tu novela tiene lo que necesita para funcionar, tengo algo para ti.

«El diagnóstico de tus novelas».

Una guía directa para que identifiques exactamente qué falla en tu manuscrito y cómo arreglarlo.

Sin rodeos. Sin condescendencia. Como haría un asesor literario malvado.

[Suscríbete y lo recibes ahora mismo.]

— Jean Larser

jean larser, asesor literario malvado

AGRADECIMIENTOS

[…] y desde luego, gracias a Jean Larser. Sin él, esta novela ni siquiera se habría terminado. Y de hacerlo habría sido una mierda, hablando en plata. Perdón por ser tan explícita, pero es cierto. Yo no estaría aquí sin él. Soy escritora, sí, y es muy difícil expresar con palabras el agradecimiento que siento hacia él. Simplemente, esto NO habría sido posible sin su ayuda, yo, mi yo de ahora, no habría sido posible sin su ayuda. Decir gracias se queda corto, muy muy corto. Él es el que me ha convertido en escritora. Yo nunca lo fui, nunca lo creí y mira, estás leyendo los agradecimientos de un libro en el que un editor ha confiado. Esto no lo he hecho yo sola. Sin Jean, nunca habría sido posible. 

Patty Page

No engañes a tus futuros pupilos.

Diles abiertamente que eres aún más borde en las tutorías. No te olvides de mencionar que estuve un año y medio contigo lidiando con mi paciencia y tus arrebatos orales, porque cada clase merecía la pena durante y después. Que lo que enseñas, nos lo llevamos puesto.

Que vale cada euro que cuesta. Que nadie se sale de las mentorías por no aprender. Que las dos únicas razones por las que uno abandonaría tu barco, Capitán, es la falta de tiempo o de humildad, porque tus clases no son aptas para ególatras en flor, que eres mas de otoño y hojas secas, para darle una torta del revés al ramallo y que se le vaya cayendo el ego a ese que viene pensando que es el nuevo Stephen King.

Que en tus mentorías aprendemos que no escribimos ni tan bien, ni tan mal.

Y que la clave de tu éxito es desde qué ángulo estas enfocándolo todo.

Eso no viene en los libros. Es personal.  No es tan caro, cuando llevas 60 años y mil quinientos libros de ventaja.

No les mientas, porque los que estuvimos ahí, al otro lado del skype, los dias que no te comía el sofá (💤) o a mí no me comía la vida en general, sabemos la verdad… Díselo. Diles lo que los demas admiramos más de ti. Que eres capaz de sacarle mil historias a la pérdida. La vuelta a la tortilla.

Hacer que las historias sonrían  o sangren.

Y a veces a la vez.

Que tienes la respuesta a las preguntas. Que tienes la pieza que encaja. La llave que gira la tuerca. El tornillo del taco. El cosito del coso.

Diles que se quedan un amigo para siempre, si no son muy nazis.

O no les cuentes nada.

Que lo descubran… O que ardan.

Espero que esto te abrace de alguna manera, en la distancia… Mr. Borde-no-tan-borde. ❤️

Iria

[…] Gracias también a Jean Larser, la brújula que me mostró el camino hasta el Bosque Escarlata. Gracias por enseñarme a escuchar las historias que susurran en los silencios del bosque y a plasmarlos con algo de cordura en el papel. Sin tus consejos, aún seguiría dando vueltas en círculos. Eres el tronco y las ramas sobre las que el Bosque Escarlata se sostiene.

A todos los escritores malvados, gracias por los buenos momentos, la inspiración y las experiencias compartidas. Sois mi ejemplo a seguir en este viaje inolvidable. ¡Estoy deseando que llegue la próxima quedada!

Alix Blackwood

Asesoramiento Literario y marketing editorial para Escritores Malvados
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