Un diabólico plan de escritura

Escritor trabajando sobre un manuscrito con un plan de escritura sencillo

Tengo un plan diabólico para escritores.

Aviso: no incluye una aplicación nueva.

No necesitas comprarte otra libreta chupichuli.

No tienes que instalar Notion, Scrivener, Trello, Obsidian, tres inteligencias artificiales, dos calendarios editoriales y una aplicación que te avise cada cuarenta minutos de que deberías estar escribiendo.

Tampoco necesitas rediseñar tu web este fin de semana.

Mi plan es bastante más jodidamente perverso.

Consiste en hacer menos cosas.

Y, sobre todo, en dejar de hacer unas cuantas que producen esa agradable sensación de estar trabajando muchísimo sin acercarte demasiado a terminar un libro.

Ahí está la trampa.

Porque complicar las cosas resulta tremendamente satisfactorio. Y terminar una novela, bastante menos.

El escritor que está ocupadísimo sin escribir demasiado

Hay escritores que tienen un plan de escritura que parece el proyecto de construcción de una central nuclear.

  • Objetivos trimestrales.
  • Tableros.
  • Colores.
  • Calendarios.
  • Fichas.
  • Subfichas.
  • Carpetas.
  • Subcarpetas.
  • Listas de reproducción para cada personaje.
  • Un sistema para registrar las horas.
  • Otro para contar palabras.
  • Otro para saber cuántos capítulos llevan.
  • Y probablemente una preciosa plantilla que calcula qué porcentaje de la novela han terminado.

Todo perfectamente organizado. Salvo la novela.

Luego tenemos la versión profesional del mismo fenómeno. El escritor decide que ha llegado el momento de «trabajar su marca de autor».

Así que empieza:

  • a cambiar el logotipo;
  • a buscar otra tipografía;
  • a rehacer su biografía;
  • a modificar los colores de Instagram;
  • a mirar qué publica otro escritor;
  • a estudiar TikTok aunque deteste TikTok;
  • a cambiar otra vez la portada de Facebook;
  • a pensar en abrir un podcast;
  • a leer durante dos horas sobre algoritmos;
  • y, naturalmente, a rehacer su página web porque el botón del menú podría tener tres píxeles menos de margen.

A las nueve de la noche está agotado. Ha trabajado siete horas. Y no ha escrito una puta página. Pero, eh, se siente productivo.

Ese es el detalle peligroso.

Un plan de escritura puede ser mucho más sencillo

Voy a proponerte una herejía.

Tu carrera como escritor necesita muchas menos cosas de las que probablemente crees. No digo que una web no importe. Claro que importa. Yo cuido mucho las que hago a veces a alguna pupila.

Una newsletter importa. Tu imagen importa. Tu posicionamiento importa. Amazon importa si publicas allí. El marketing importa. Y una marca de autor coherente puede ayudarte muchísimo a que alguien te recuerde después de haberte descubierto.

Pero existe un pequeño problema de orden.

Nada de eso sustituye al libro. Al producto.

Puedes tener una marca exquisita alrededor de una novela que no funciona. O diez mil seguidores alrededor de una historia que el lector abandona en el capítulo cuatro. Y conseguir que alguien llegue hasta tu página de Amazon gracias a un anuncio magnífico. El anuncio habrá hecho su trabajo.

Ahora le toca al libro.

Y el lector es un animal bastante menos impresionable que nosotros. No sabe que has pasado tres semanas escogiendo la tipografía de tu web.

Le importa un cojón de pato. Lo que quiere es seguir leyendo.

Mi diabólico plan de escritura

El plan es este:

Escribe.

Termina.

Comprueba.

Corrige.

Repite.

Ya está.

Lo sé.

Una decepción.

Ni siquiera puedo venderte una agenda de 79 euros para explicarlo. Pero fíjate en algo.

Cada una de esas palabras produce algo real.

Escribir produce páginas.

Terminar produce manuscritos.

Comprobar produce información.

Corregir mejora la novela.

Repetir construye oficio, catálogo y carrera.

En cambio, muchas de las actividades con las que llenamos nuestras semanas solo producen actividad.

Y actividad y avance no son la misma cosa. Ni por el forro.

La marca de autor empieza antes de que diseñes tu marca de autor

Aquí viene la parte incómoda.

Tu marca de autor no empieza con el logotipo. Ni con los colores. Ni con la fotografía en la que apareces mirando intensamente hacia una ventana porque, al parecer, todos los escritores debemos tener profundas conversaciones con los cristales.

Tu marca empieza bastante antes. Empieza con lo que un lector experimenta cuando abre algo que lleva tu nombre. Con el tipo de historias que cuentas. Con cómo construyes tus personajes. Con la sensación que dejas. Con la calidad que espera encontrar la próxima vez. Con la regularidad con la que apareces. Con todo aquello por lo que empieza a reconocerte.

Eso también es marca.

La parte que ninguna plantilla de Canva o de IA puede fabricar por ti.

Por eso me produce cierta inquietud cuando veo escritores intentando construir una presencia enorme alrededor de una obra que todavía no han terminado, no han revisado o no han sometido a una mínima comprobación seria.

Primero necesitas algo que merezca ser recordado. Y lo primero de todo es ESCRIBIR BIEN. Después podemos discutir durante cuarenta minutos si el dorado de tu web debe ser ligeramente más oscuro.

El problema de mejorar cosas que todavía no son el problema

Existe otra forma muy elegante de perder meses. Corregir aquello que resulta más cómodo corregir.

  • Cambiar frases.
  • Retocar adjetivos.
  • Sustituir diálogos.
  • Reescribir el comienzo por decimotercera vez.
  • Pulir una descripción.

Todo eso parece trabajo literario. Y lo es. Siempre que la novela NO FALLE por otra parte.

Puedes pasar seis meses embelleciendo las frases. El lector seguirá marchándose. Solo que ahora abandonará la novela delante de unas frases estupendas.

No arregles primero lo que más fácil resulta arreglar

Esta idea sirve tanto para escribir como para construir una carrera de autor.

Cuando algo no funciona, tenemos una tendencia bastante humana a ocuparnos primero de aquello que podemos controlar con facilidad. ¿No vendo?

Cambio la portada de Instagram.

¿No termino?

Busco otra herramienta de planificación.

¿La novela no engancha?

Reescribo el primer párrafo.

¿No consigo lectores?

Publico siete veces esta semana en las redes.

¿No sé qué falla?

Bueno, entonces quizá sea urgentísimo reorganizar las carpetas del ordenador.

Eso último siempre ayuda muchísimo.

…

La pregunta importante es otra:

¿Cuál es ahora mismo el problema que está frenando realmente el resultado que quiero conseguir?

Esa pregunta es mucho más rentable.

Tu carrera de escritor necesita acumulación, no fuegos artificiales

Una marca de autor sólida rara vez aparece por una gran acción brillante. Se construye acumulando cosas bastante poco espectaculares.

  • Un libro terminado.
  • Después otro.
  • Una lista de lectores que crece.
  • Emails enviados con regularidad.
  • Una web que cumple su función.
  • Una presencia reconocible.
  • Una promesa coherente.
  • Un catálogo.
  • Una relación con quienes te leen.
  • Y mejoras.
  • Muchas mejoras.

Eso significa que no necesitas inventarte continuamente una estrategia revolucionaria. Necesitas identificar unas pocas cosas que funcionan y mantenerlas durante suficiente tiempo. Es muchísimo menos emocionante que perseguir cada nueva moda de marketing.

También tiene la desagradable costumbre de funcionar mejor.

Cuando escuches dentro de tu cabeza «sí, pero…»

Aquí empieza el peligro.

«Sí, pero yo necesito una estrategia más completa.»

Quizá.

«Sí, pero tengo que crecer en redes.»

Puede ser.

«Sí, pero debería rehacer la web.»

También puede ser.

«Sí, pero necesito aprender publicidad.»

Perfecto.

Pero antes termina la pregunta:

¿Eso es realmente lo que más está frenando ahora mismo mi carrera de escritor?

Porque quizás el problema no sea que nadie conoce tu novela.

Quizás todavía no sabes si la novela aguanta cuando alguien que no eres tú empieza a leerla.

Y esa diferencia es bastante importante.

  • La promoción puede conseguir atención.
  • La marca puede conseguir reconocimiento.
  • La publicidad puede conseguir visitas.

Pero ninguna de ellas puede entrar en el capítulo siete, agarrar al lector por el cuello y obligarlo a continuar.

El libro tiene que hacer esa parte. Y tiene que sostener todo lo demás, la atención, el reconocimiento, las visitas, los lectores que vuelven

Antes de complicarlo todo, comprueba esto

Si tienes un manuscrito terminado —o bastante avanzado— y sospechas que hay cosas que no terminan de funcionar, no empieces necesariamente por reescribir cincuenta páginas.

Primero intenta averiguar qué está viendo el lector que tú ya no puedes ver.

Porque después de meses dentro de una novela desarrollamos una habilidad extraordinaria para rellenar mentalmente los huecos. Sabemos por qué un personaje actúa así. Sabemos qué significa determinada conversación. Sabemos qué ocurrirá cien páginas después.

El lector no.

El lector solo tiene lo que has escrito.

Y ahí aparece una diferencia bastante cabrona entre la novela que tú crees haber escrito y la novela que realmente está leyendo otra persona. Por eso preparé El lector lo va a notar.

Es un autodiagnóstico gratuito para ayudarte a mirar tu novela desde fuera y detectar señales que quizá llevas demasiado tiempo viendo desde demasiado cerca.

No sustituye una revisión profesional. Ni pretende hacerlo. Pero puede darte algo que necesitas antes de volver a tocar el manuscrito:

una idea mucho más clara de dónde mirar.

Haz el autodiagnóstico «El lector lo va a notar»

Antes de cambiar otro capítulo porque sí, comprueba qué síntomas puede estar mostrando tu novela.

[QUIERO DESCUBRIR QUÉ VA A NOTAR EL LECTOR]

Y después ya decides qué merece realmente tu tiempo.

Ese es todo el plan diabólico.

Hacer menos.

Pero hacer primero lo que importa.

ANTES DE SEGUIR CORRIGIENDO

Tu lector no conoce la novela que querías escribir.

Solo puede leer la que has escrito.

Antes de enviar tu obra a una editorial, autopublicarla o volver a reescribirla por quinta vez, dedica unos minutos a comprobar qué señales puede estar dejando tu manuscrito.

EL LECTOR LO VA A NOTAR es un autodiagnóstico gratuito para ayudarte a descubrirlas.

Portada del autodiagnóstico gratuito El lector lo va a notar

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