“La gente es extraña…”
— Jim Morrison
Llegué a la mayoría de edad durante una época particularmente fértil en la historia de españa.
Las cosas saltaban, bullían. Franco agonizaba por fin, la revolución sexual, el asalto del porno en los quioscos, el rock and roll llegaba, y las drogas, y los escritores que leía entonces y mi propia conciencia de la vida adulta que alcanzó su punto álgido de 1977 a 1982.
Todo lo que mis padres habían aceptado como «normal» y «bueno» mientras crecía, y lo que aprendí en los internados, ahora estaba sujeto a análisis y se miraba con lupa.
Dormí en un colchón en el suelo. Anduve descalzo durante tres años enteros (te sorprenderías de lo duros que pueden llegar a ser tus pies). Tenía el pelo hasta la mitad de la espalda. Vivía en pecado total. Y sí, lo probé todo.
Pero sin dejar de escribir
A veces era divertido… a veces aterrador… a menudo confuso. Mis objetivos eran más que simples: tenía la intención de divertirme y escribir sobre ello.
Así que sí, era un hippy. Más bien del rollo Easy Rider. No de margaritas en fusiles ni acampadas reivindicativas.
No había planeado vivir más allá de los 25 años… pero tuve suerte. Y de repente, ahí estaba yo. Haciendo el servicio militar y leyendo, pero sin dejar de escribir. Y luego, con veintitrés años, casado por lástima, y más despistado que un pulpo en un garaje. Pero sin dejar de escribir.
Me llevó unos años más ponerme en orden, y no me arrepiento del difícil camino que tomé. Me he convertido en un mejor maestro y aprecio las «pequeñas cosas» de la burguesía con entusiasmo.
Sin embargo, podría haber acortado el proceso de agonías y ansiedades de pasar de despistado a sabio profesional… si tan solo hubiera aprendido una lección simple antes.
Y esa lección es: Mueve el jodido culo.
Los humanos estamos programados para resistir el movimiento a toda costa. Caer en la rutina es un peligro constante… y la mayor parte del mundo vive en la rutina diaria.
Y sin embargo, soñamos con cosas mejores.
Codiciamos las recompensas de la acción… sin reconocer la necesidad
de participar realmente en la acción para obtener esas recompensas.
Los talleres literarios y los escritores que no escriben
Esto me quedó muy claro hace treinta años, cuando me tomé un año sabático de la publicidad y comencé a asistir a talleres de escritura de ficción, aunque escribía desde los quince. Iba a ser el próximo Jack Kerouac.
Los talleres fueron una gran decepción. Eran de chichinabo.
Me di cuenta de algo importante: la mayoría de la gente no quería SER escritor. Querían haber escrito ya algo, para poder disfrutar del brilli-brilli de su nombre en la tapa de un libro. Eran escritores que no escriben.
Y en EEUU pagaban mogollón de pasta para ir a talleres de una semana, (Bueno, yo lo hice años después, en NYC, pagué 3.000 dólares para un seminario de fin de semana con Donald Mass y no me pesó lo más mínimo, au contraire) pero aquella gente leía montones de libros, no había tantos sobre escritura por entonces, y escuchaban con entusiasmo a editores, agentes y críticos sobre los detalles de convertirse en escritores… y sin embargo… No dedicaban el tiempo a lo que tenían que estar haciendo: escribir.
Cualquier texto que tuvieran, no se podía coger ni con pinzas. Muchos, tras años de divagar habían producido tal vez un manuscrito o un relato medianamente escrito. Patético.
Peor aún, la mayoría de estos aspirantes a escritores se quejaban sin cesar de las tribulaciones de «la vida del escritor». Todos creían firmemente en el “bloqueo del escritor”, porque eso confirmaba su creencia de que no era su culpa que sus libros no se escribieran.
Y todo era una mierda.
No puedes “querer” convertirte en escritor. No puedes “planear” convertirte en escritor. Y no puedes convertirte en escritor quejándote de lo “difícil” que es empezar.
Te conviertes en escritor SÓLO escribiendo.
Eso es todo. La simple acción de escribir.
Pero eso tampoco te hará un BUEN escritor o escritora. Tienes que poner sudor. Tienes que aprender los secretos de los escritores muertos y en activo y aplicarlos a tu propia escritura. Y hacerlo hasta que lo hagas bien.
Hay atajos claro. De eso trata todo mi método de enseñanza en el asesoramiento literario premium.
Pero incluso los atajos requieren movimiento.
Movimiento.
Empecé este post hablando de mis años de gloria de hippie confundido, porque toda esa diversión y caos me asaltaba permanentemente. Es mi propio cuento con moraleja personal. Tengo muchos amigos que hoy no están, no sobrevivieron, se fueron a los 25 años más o menos. El SIDA, las drogas, Euskadi en los setenta, la vida loca…
Y muchos otros encontraron un surco cómodo en la vida que les gustó y se enterraron allí. Duermen desde entonces, atados a sus trabajos de mierda y sorprendidos de los cambios continuos, de las crisis, muertos de miedo por conservar algo de estatus. Escritores que no escriben.
Por eso puedo decirte que la peor rutina tiene que ver con las drogas. Y no solo de las que se fuman.
Un alien que llegara desde otro planeta no vería diferencia entre un yonqui y alguien embutido en un sofá absorbiendo programas de televisión insípidos durante horas.

Tampoco hay diferencia entre pasar varias tardes en el bar local y emborracharse… o estar encadenado a un juego de disparos de X-box hasta el amanecer durante días seguidos.
No me entiendas mal. Una vida sin diversión no vale la pena vivirla. Trabaja duro, juega duro, etc. A la gente le digo que evite la trampa del adicto al trabajo y que no se arriesgue a convertirse en tipos o tipas aburridas.
Pero si realmente quieres llegar a alguna parte y hacer algo con esta preciosa vida que te han dado… necesitas poner las cosas en perspectiva.
Y necesitas entender la absoluta necesidad del movimiento. De la acción. De trabajar hacia una meta. Tener un objetivo.
Si no te gusta la forma en que se han desarrollado los últimos cinco años, debes cambiar. O los próximos cinco años probablemente serán iguales. Una repetición.
Y si quieres cambiar, tienes que ponerte al día con el movimiento. Algo que que no pasa cuando pierdes cinco noches a la semana con reposiciones en la TV, o con un video juego, o con la mesa de la terraza llena de botellines de cerveza.
Para la mayoría de las personas, habrá una demora interminable al iniciar cualquier movimiento. Es demasiado fácil posponerlo y caer cómodamente en la rutina cada noche. Es acogedor, predecible, familiar. Es calmante, relajante.
Enciendes la TV, pones netflix, sacas el joystick, tomas una decisión. Y acabas de perder otra oportunidad de cambiar. En una mastercalza hablaba sobre la frustración como emoción subyacente para mover a los personajes.
Hernan Cortés reunió a su ejército en las playas del Nuevo Mundo y hundió sus barcos. No había vuelta atrás. Y ese pequeño ejército conquistó un continente, porque habían sido motivados a la fuerza.
Cortés sabía que “querer” tener éxito no es suficiente. Necesitaba un movimiento drástico, basado en… naves quemadas.
No me estarías leyendo si no estuvieras buscando algo mejor en tu vida de escritor. Los tipos como yo NO estamos contentos con el statu quo, y estamos dispuestos a mover las cosas.
No comparto lo que sé sobre escribir novelas, publicarlas bien y venderlas mejor porque quiero que te sientas cómoda. Lo verás en mis emails.
De ninguna manera. Las únicas personas que sacan partido de lo que enseño son las que están hartas de cómo son las cosas. Y, de alguna manera, han encontrado una motivación interna para cambiar. Cambiar sus historias y su escritura.
Solo soy un facilitador. Nunca he arrastrado a nadie por los pelos y gritando que va a triunfar. Pero he sido feliz de proporcionar un atajo o dos, y un empujón saludable cuando ha sido necesario… de ver los logros de alguien que asesoré, aunque no lo agradeciera luego (Pasa mucho porque esto es españa, pero no me importa porque soy tauro de libro, paso página y cierro puertas), pero eso solo ocurrió cuando la otra persona ya se estaba moviendo.
No hay una forma de vivir libre de riesgos, y hay que lidiar con la incomodidad y los territorios desconocidos. Es posible que tengas que aprender a fallar y seguir moviéndote. Yo me volví muy bueno en quitarme el barro de los pies y seguir adelante.
Es posible que incluso tengas que despedirte de tus amigos perdedores, horrorizados de que te atrevas a cambiar.
Pero… ¿Sabes que? La verdadera diversión casi siempre implica un cambio serio. Y una vez que superas esos períodos incómodos, tu movimiento se convierte en el viaje más emocionante de tu vida.
Y la idea de volver a hundirte en la rutina será una broma.
Nadie va a invertir en tu cambio. Las editoriales ya no lo hacen como hace décadas hacían cuando confiaban en uno de sus escritores o escritoras. Depende de ti ponerte en movimiento, eso es lo primero.
Cuando eres una piedra rodante, un rolling stone (sin juntar musgo), cambiará algo más que solo el escenario.
Apaga la TV, solo por esta noche. Mantente sobrio o sobria. Lee un libro, haz un curso y aprende algo.
Solo esta noche.
Abre tu novela. Revisa tus personajes. Comprueba qué es lo que falta. Revisa tu estilo. Comprueba que es lo que falta. Maneja las emociones. Aprende. Aprende y disfruta. Eres Dios cuando escribes.
Este verano y otoño se avecinan muchas oportunidades de aprendizaje interesantes e intensas para los escritores listos para poner su culo en marcha.