Planificar una novela antes de escribir no mata la creatividad. Lo caro es descubrir tus errores en la página 180
Puedes empezar una novela sin planificar nada.
Claro que puedes.
También puedes escribir cincuenta, cien o ciento ochenta páginas antes de descubrir que el protagonista no tiene un objetivo suficientemente fuerte, que el segundo acto se hunde, que una subtrama no lleva a ninguna parte o que esa escena maravillosa que llevabas tres meses esperando escribir no debería existir.
Y entonces llega una de las experiencias más educativas de la vida del novelista:
Borrar.
Borrar… Mucho.
El problema de escribir completamente a ciegas no es que esté prohibido, que sea amateur o que los escritores «de verdad» no lo hagan.
El problema es otro y más jodidillo de sobrellevar. Mo he dicho muchas veces en muchos sitios.
Las decisiones narrativas importantes cuestan muchísimo más cuando ya están convertidas en cincuenta mil palabras.
Planificar una novela antes de escribirla consiste precisamente en intentar tomar algunas de esas decisiones cuando todavía puedes cambiarlas sin montar una obra de ingeniería sobre el manuscrito.
¿Por qué conviene planificar una novela antes de escribirla?
La planificación previa permite examinar una historia antes de invertir meses en redactarla. Ayuda a comprobar la estructura, el conflicto, la evolución de los personajes, el orden de los acontecimientos y la función de las escenas.
No significa conocer cada diálogo ni decidir cada detalle. Comporta que ciertas preguntas dejan de estar únicamente en tu cabeza.. las sacas de ahí y las pones negro sobre blanco.
Es decir… CLARIFICAS
Y eso cambia bastante las cosas.
1. Una idea puede parecer magnífica mientras solo existe en tu cabeza
Este es uno de los problemas más jodidos porque dentro de tu cabeza todo encaja.
- Sabes quién es el personaje.
- Sabes aproximadamente qué le ocurre.
- Ves algunas escenas estupendas.
- Incluso sabes que habrá un momento brutal cerca del final.
Perfecto.
Ahora intenta colocar todo eso delante de ti. De repente aparecen cosas que antes no veías. ¿Qué ocurre entre aquella escena fantástica del capítulo cuatro y el gran giro que imaginas para el capítulo quince? ¿Qué quiere realmente el protagonista durante esas cien páginas? ¿Por qué sucede B después de A y no al revés? ¿Qué está haciendo mientras tanto ese personaje secundario que tendrá una importancia extraordinaria doscientas páginas después?
La planificación convierte una impresión general en algo que puedes examinar.
Esto lo hablaba ayer con una pupila, Ana M.. El problema que tenía (Y tiene) es el de «DEMASIADO ORDENADOR», no sé si te pasa a ti. Es estar de 8 a 10 horas de curro delante de una pantalla, llegar a casa, pensar que tienes que escribir tu novela o trabajar en ella, mirar el ordenador del cuarto y pensar CÓMO LUCIRÍA DE BIEN ARDIENDO EN UN BIDÓN EN EL JARDÍN.
Así que antes de que llegase a ello, le recomendé el método NABOKOV.
Vladimir Nabokov trabajaba precisamente sacando las piezas de la novela fuera de su cabeza:
“The pattern of the thing precedes the thing… These bits I write on index cards until the novel is done.”

En su entrevista con The Paris Review explica que escribía fragmentos en fichas y podía trabajar en distintas partes de la novela. The Paris Review
La palabra importante no es cards.
Es pattern.
El patrón anterior al texto.
Nabokov no necesitaba avanzar obedientemente desde la página uno hasta la página trescientas para empezar a comprender qué estaba construyendo. Podía ver las piezas. Y moverlas.
Y como a Ana le gusta escribir a mano (Nos escribimos cartas con sello y todo. Las mías con mi gato en lacre rojo) dejará aparcado el PC pero no la novela. Luego, con google Lens, se puede pasar el texto al pc.
2. Puedes detectar un problema antes de escribirlo durante tres meses
Esta es probablemente la ventaja más rentable de todas. Cambiar una decisión en un esquema puede llevarte diez minutos.
Cambiar esa misma decisión después de haber escrito veinticinco escenas puede obligarte a modificar personajes, diálogos, antecedentes, pistas, relaciones, cronología y consecuencias.
Jeffery Deaver lo explica con una frase bastante poco romántica para quienes creen que escribir consiste en esperar a las musas: “I don’t get on an airplane that hasn’t been built according to a blueprint; I don’t write a book without having done the same.”
Deaver es un defensor declarado del esquema previo y explica que sus planes pueden ser extraordinariamente detallados antes de comenzar la redacción. No necesitas llegar a su extremo.
Pero sí comprender que cuanto más importante sea una decisión para el conjunto de la novela, más caro resulta descubrir tarde que estaba equivocada. Un personaje secundario se cambia fácilmente en una ficha. Después de aparecer en diecisiete capítulos, ya da bastante más por saco.
3. Puedes ver la novela completa en lugar de mirar una escena cada vez
Aquí entra algo que me parece especialmente útil: la planificación visual.
- Fichas.
- Tarjetas.
- Post-it.
- Una pared.
- Evernote
- Una pizarra.
- Un corcho.
- Scrivener.
- Un diagrama.
- O una herramienta como la que usamos en mi asesoramientos, el draw.io donde puedes colocar escenas, personajes, conflictos y relaciones y moverlos hasta que empiecen a tener sentido.
Cuando una historia está representada visualmente puedes dejar de leerla únicamente de manera lineal. Puedes contemplar el conjunto. Comprobar dónde se acumulan demasiadas escenas. Dónde desaparece un personaje. Dónde transcurren cincuenta páginas sin que cambie nada importante. Dónde has colocado tres revelaciones juntas y después un desierto narrativo de cuarenta páginas.
Kurt Vonnegut llevaba esta idea hasta las formas de las historias. En una conocida conferencia representaba gráficamente sus variaciones emocionales y decía: “There’s no reason why the simple shapes of stories can’t be fed into computers.”
Es decir: determinadas características de una narración pueden representarse visualmente y observarse como una forma. This American Life
Y aquí empieza la gracia. No estás sustituyendo la creatividad por un gráfico. Estás dándole a tu creatividad algo que pueda inspeccionar.
4. Puedes comprobar el ritmo antes de tener 80.000 palabras
James Patterson contó a GQ algo bastante revelador sobre su forma de trabajar: “In 95 percent of the cases I will write a 50- to 70-page outline.”
Un esquema de cincuenta a setenta páginas. No precisamente «tengo una idea, ya veremos qué pasa».
El esquema permite comprobar qué ocurre. En qué orden. Con qué frecuencia cambia la situación. Etc. etc.
El ritmo no depende únicamente de escribir frases cortas. También depende de qué acontecimientos estás colocando y a qué distancia unos de otros. Como os enseño cuando trabajamos juntos.
Y esa clase de problema es muchísimo más fácil de percibir cuando tienes la novela resumida que cuando estás atrapado dentro del capítulo 23 revisando por quinta vez una escena de acción.
5. La planificación visual te permite cambiar de opinión sin sentir que has desperdiciado semanas
Cada escritor tiene su propia manera de trabajar. Claro que sí. Cada uno es muy libre. Defender la planificación no significa convertirla en religión. No tienes que diseñar ciento treinta páginas de escenas como Deaver.
No tienes que utilizar las fichas de Nabokov.
No tienes que preparar setenta páginas como Patterson.
Y tampoco necesitas jurar ante dios con el puño en alto que jamás volverás a pasar ham… Emmm… que jamás alterarás lo que hayas planeado.
Puedes diseñar una estructura y cambiarla cuando la novela te enseñe algo mejor. De hecho, eso es bastante normal. La ventaja es que empiezas desde una serie de decisiones conscientes en lugar de pedirle a la página 1 que lo resuelva todo.
Y aquí llegamos a la parte que muchos escritores prefieren saltarse.
Tienen una idea. Les encanta.
Empiezan
Pero una buena idea no es automáticamente una buena novela. Puede existir un personaje extraordinario y faltar una historia. O una situación inicial magnífica que se agota a las cincuenta páginas. O un mundo fantástico cojonudo y supercurrado pero sin un conflicto que lo ponga en marcha.
He visto todas estas cosas.
Por eso cuando se planifica hay que someter la idea a cierta presión para comprobar cuánto aguanta y descubrirlo antes de escribir la novela completa tiene una ventaja bastante evidente:
todavía puedes cambiar prácticamente cualquier cosa.
«Ya, Jean. Pero yo soy escritor brújula»
Bueno, vale. No voy a llamar a la policía literaria. Aunque deberían hacer examen para expedir licencias poéticas. Hay cantidad de escritores que no saben usarlas.
La discusión entre escritores mapa y escritores brújula suele plantearse como si tuvieras que escoger equipo para el resto de tu vida. Y no. No hace falta.
Puedes hacer todos los cambios que te de la gana y sigue siendo posible después de planificar.
La pregunta interesante no es:
«¿Debo saberlo todo antes de empezar?»
Sino… «¿Qué decisiones me interesa haber pensado antes de invertir meses escribiendo?»
Eso ya es bastante diferente.
Planificar no significa escribir dos veces la misma novela
Esta es otra objeción habitual.
«Si ya sé lo que va a pasar, me aburriré escribiéndolo.»
Puede ocurrir. Por eso no existe un grado universal de planificación. Pero planificar la novela no significa escribirla primero en pequeño y después pasarla a limpio.
Puedes decidir la estructura general y dejar abiertas las escenas. O decidir los grandes acontecimientos y descubrir los diálogos al redactar. Puedes conocer el destino de tu prota y seguir sin saber exactamente cómo llegará el personaje hasta allí.
La planificación debe ayudarte a escribir. Cuando se convierte en una excusa para no empezar nunca, deja de cumplir su función.
Sí, también existe el escritor que lleva catorce meses diseñando fichas de personajes secundarios y todavía no ha escrito una escena. O con el worldbuilding… (Hola Alix)
El mejor momento para descubrir que tu novela tiene un problema
No es cuando ya la has terminado. Ni cuando el lector beta te pregunta por qué desaparece un personaje durante 130 páginas.
Y desde luego no es después de publicarla.
El mejor momento es cuando todavía tienes una idea suficientemente flexible como para cambiarla.
Precisamente por eso escribí Antes de escribir una novela.
Lo escribí alrededor de una pregunta que vas a encontrar muy útil:
¿Qué merece la pena comprobar antes de convertir una idea en meses —o años— de trabajo?
Porque algunas decisiones cuestan unos minutos antes de escribir.
Después pueden costarte capítulos enteros.
Antes de escribir una novela

Si todavía tienes una idea, un personaje, varias escenas o ese principio que no te deja en paz, ahora es precisamente cuando más barato resulta descubrir qué tienes realmente entre manos.
Antes de escribir una novela está pensado para ayudarte a examinar tu proyecto antes de que exista un manuscrito completo y a reducir algunos de los riesgos que aparecen cuando empiezas a escribir sin haber comprobado determinadas decisiones.
No va a escribir tu novela por ti.
Una lástima.
Pero puede conseguir algo bastante más útil:
que empieces a escribirla habiendo pensado antes en lo que merece ser pensado.