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Y lo fui
Pero cuando comencé como escritor para algo más que copiar textos, las pasé canutas, y no nos ayudó nadie.
Mi pareja comenzaba con su enfermedad pero no le daba importancia porque, bueno, éramos jóvenes, un poco mucho hippys, y posiblemente era un mal viaje.
No lo fue. Pero no cuento esas cosas en una web, quizá en persona, delante de unas cervezas.
La cosa es que durante aquellos primeros meses siendo un escritor buenapersona, me prometí que, si alguna vez lograba triunfar escribiendo, y editando más tarde, compartiría lo que aprendiera en el camino.
Y bueno, aquí estamos. Porque…
Creo en los cambios. La vida es cambio. Y ahora me levanto cada mañana para que unos pocos escritores y escritoras como tú sean capaces de crear historias bien escritas y bien contadas que conmuevan y emocionen a miles de personas y cambien el panorama editorial en español traspasando fronteras. Vendiendo bien tus obras y seduciendo a tus lectores. Trabajando contigo… si quieres.
Pero no con cualquiera. Soy selectivo y el día solo tiene 24 horas, de las que cinco las dedico a esto.
¿Muy arrogante? Es lo que hay, soy vasco. Pero también creo que hay poner altas las metas para llegar a ellas.
Escribir novelas en el S. XXI es un deporte de riesgo, lleno de inseguridades. Y la lista es larga:
La lista es tan larga que no puedo ponerla aquí entera.
Hace más de 40 años, después de currar transcribiendo las grabaciones de radio y los guiones de un cabrón, comencé en una de las revistas de la ciudad (Ya lo he contado en el e-book que os regalo cuando os suscribís al asesoramiento premium «Destaca de los mediocres con tu marca de escritor», y me asignaron la columna del horóscopo diario.
Sin tener ni puta de Astrología. Y eso que me había leído cosas de la Cábala, el tarot, el misticismo occidental alemán y español, y hasta a Nasrudin y Jalil Jibran.
Pero, oye, me pagaban.
Y me divertía.
Y los viejos del lugar mandaban cartas al director quejándose de mi tono y mis sarcasmos. Y empecé a ser un escritor malvado.
Hace más de 40 años de esto. Luego pasé a diseñar y redactar anuncios que, oye, vendían.
Quiero decir, lograban que la gente hiciera cosas con el folleto o el anuncio. Comprar.
Pero no, nadie me ayudó. Hacía lo que veía que hacían otros, lo transformaba, leía alguna cosa, aprendía inglés, buscaba, buscaba, buscaba.
Sufría. Crecía…
Y adaptaba.
Hasta el día que diseñé un encarte (Va dentro de periódicos o revistas) para un local de venta de sofás y muebles de salón, salí en los dos periódicos y casi me detienen y me entrullan.
Hay gente que no tiene humor.
Se me había ocurrido poner una calavera ensangrentada en la portada en fondo negro de un folleto de ocho págs. El cliente, Rodrigo, me dijo que estaba loco, pero adelante.
Era un cráneo muy realista, que parecía recién desenterrado, color hueso envejecido y supersiniestro, con el rótulo ensangrentado de PRECIOS DE MUERTE. Y dentro ya el típico catálogo de muebles que te buzonean cada dos por tres.
No me preguntes de dónde saqué el cráneo para la foto, que google no existía.
Creo que se llamaba Pedro y algo.
Bien. A alguna gente no le gustó nada.
Una señora escribió a la revista diciendo que a su marido casi le da un infarto delante del buzón, pero había comprado un televisor Grunding (Creo que ya no los hacen) a buen precio.
Rodrigo, el tipo de los muebles lo vendió casi todo en pleno agosto. Temporada baja. Y nos hicimos amigos.
Y bueno, seguí escribiendo de todo.
Concursando y ganando concursos de relatos cortos, escribiendo guiones de cómics y tebeos como la abeja maya o El Víbora, o el oso de la casa azul, con guiones para documentales y cortometrajes.
Como redactor en revistas especializadas.
En publicidad y marketing como redactor publicitario (Hoy lo llaman copywriter) de anuncios y ventas, para vallas, folletos, catálogos, emails y webs.
Como editor de mesa (editings), corrector, y luego escritor por encargo para algunas editoriales.
Creé grupos de escritores cuando Internet comenzaba, los servicios de informes literarios. Newsletters de concursos literarios y para escritores.
Como negro literario o escritor sin firma para otros escritores (Algunos famosos).
Y siempre… Escribiendo.
Relatos, guiones, anuncios, eslóganes, cartas de venta, pies de foto para libros de fotógrafos, alguna canción, libros de empresa y marketing, libros de no ficción sobre esoterismo, naturismo, y mil materias más, y novelas…
Novelas de fantasía, históricas, policíacas o thrillers, de terror, románticas… Siempre con seudónimos. La fama corrompe y no me gusta.
Hoy creo que, como escritores, debemos tener siempre los pies en la tierra.
No sé si por eso me gusta ir descalzo, es posible. Rescoldos de haber sido hippy.

Pruébalo.
Al tener los pies en la tierra te das cuenta de que la vida es corta y tu tiempo para el aprendizaje y la creatividad es limitado.
Por eso, sin ninguna guía, puedes desperdiciar años valiosos tratando de obtener conocimiento y práctica de varias fuentes. A mí me ha pasado.
Por ejemplo, tú puedes hacer como los grandes maestros. Seguir el ejemplo a lo largo de los siglos y encontrar el mentor adecuado.
La relación mentor-discípulo es la forma de aprendizaje más eficiente y productiva. Los mentores correctos saben dónde enfocar tu atención y cómo desafiarte.
Y ese es mi trabajo hoy. Asesoramiento literario para escritoras y escritores malvados. Una asesoría literaria diferente y asequible, siempre que tengas ambición y me hagas caso. Por eso es exclusiva.
Y por eso mi conocimiento y experiencia se convierten en los tuyos.
Te proporciono comentarios inmediatos y realistas sobre tu escritura, tus personajes o tu proyecto narrativo, para que puedas mejorar más rápidamente que la vida es corta
Elegir al mentor adecuado es como elegir a tu pareja en la vida; la elección equivocada es fatal.
Y por eso escribí mis libros rojos, recibes un email casi diario, realizo mi asesoramiento literario exclusivo con algunos autores y escritoras y también cree las MASTERCALZAS
Masterclass descalzas para escritores. Con los pies en la tierra y la mente en tu novela.
Bueno, como dijo Terry Pratchett, escribir es lo más divertido que se puede hacer sin compañía, y después de follar.
Así que me lo he pasado muy bien todo estos años, a pesar de las hostias que me he llevado, que también.
No tengo mansiones ni coches de lujo, no me gustan. Mi familia ha comido todos los días, he viajado tanto como para odiarlo ahora, y he sido feliz. Y siempre he aprendido de los mejores.
Porque ya era un malvado.
Ya lo he contado, me plantaba en casa de todos aquellos escritores, por las tardes, para charlar con ellos con la simple frase de «Hola, admiro mucho lo que escribe y quiero ser escritor, tengo cosas que contar y creo que sé cómo hacerlo, pero me falta algo y quería robarle un poco de su tiempo e invitarle a uno o dos cafés».
Con vergüenza, ni se come ni se almuerza.
Así conocí a muchos de ellos, ya muertos todos. A la hippy descalza, al vasco cabronazo, a Luis Sepúlveda, Enrique de Hériz, Pablo Antoñana, Manolo Vázquez Montalbán, Fernando Ledesma, Tom Sharpe, muchos… Me recibieron y prometieron leerme mientras me daban consejos.
Años después, en Nueva York, aprendí muchísimo más sobre el arte de escribir, en seminarios exclusivos y foros y cursos dedicados de los que me traje cientos de apuntes y grabaciones que hoy uso para ti.
Hoy, con 63 años, soy asesor literario malvado para escritores malvados que desean escribir BIEN una novela y publicar en editoriales o ir a la autopublicación y tener el control para vender muchos ejemplares de sus libros.
Y si pasas a este lado, en mi lista de correo,
puedo ser el tuyo.
Jean Larser.